Derógame la ley del desamparo
que abandona a su suerte mi tristeza.
Enmiéndame la piel de tu reparo,
apaga con mis besos tu pereza.
Condóname la deuda del descaro
que pide carta blanca a la belleza
para vivir, mejor si te acaparo,
plagando de objeciones tu certeza.
No dejes que me encienda el verso libre
y escape por los cerros del cortejo
detrás de un corazón extraviado.
Dispara munición de gran calibre
al tonto que al mirar en su reflejo
ve tan sólo tu ausencia en su costado.
martes, abril 08, 2008
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2 comentarios:
interesante poema... otra vez me encanta el título :) y el último terceto es genial.
Acabo de cambir el último verso del segundo cuarteto. "Tu pureza" por la certeza". Estoy más a gusto con el verso así.
La primera intención era titular el poema "La costilla de Adán" para explicar el último verso. Pero "La ley del desamparo" iba mejor con lo que el soneto decía en general y sonaba tan bien...
Gracias por leer y comentar!
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