lunes, mayo 05, 2008

Pronósticos

Cuando, al término de la pasada temporada, escuché a Joan Laporta decir que el Barcelona no debía volverse loco, pero que requería un ligero cambio de política y algunos retoques en la plantilla, estuve plenamente de acuerdo con él. Una grupo campeón de Europa con jugadores jóvenes y de talento no debía requerir un cambio drástico. En septiembre comenzó el curso futbolístico y había unanimidad en la prensa especializada de medio mundo: el Barcelona tenía de largo la mejor plantilla de Europa y estaba destinado a hacer grandes cosas en la temporada.

Hace un mes, cuando se observaban desde España los emparejamientos de primera ronda de playoff en la NBA, la mayor parte de los conocedores de esta liga insistían en lo interesantes que prometían ser los emparejamientos en el oeste, y la clara superioridad de los favoritos en el este. Entre el primero y el octavo de la conferencia oeste hubo sólo siete victorias de diferencia (en una liga de 82 partidos). Sin embargo los Lakers barrieron por 4-0 a los Nuggets. En las dos eliminatorias presuntamente más abiertas, San Antonio y New Orleans vencieron por idéntico resultado a Suns y Mavericks: 4-1. Resultado que se dio a su vez entre Orlando y Toronto (favorable a los de Florida), la disputa más abierta de todo la conferencia este. Y, mientras tanto, los Sixers forzaban un sexto partido ante los favoritos Pistons, y unos inverosímiles Hawks hacían llegar al séptimo partido a los mejores Celtics de los últimos veinte años, poseedores del mejor récord de toda la temporada regular.

Hay otros casos históricos que muestran lo provisional de los pronósticos deportivos. En 1992, por la situación bélica que aquejaba a los Balcanes, la selección yugoslava fue descalificada de la Eurocopa de Suecia. La organización sacó a la selección danesa de sus vacaciones estivales y, casi sin poder prepararse, encararon el torneo sin su mejor jugador: Michael Laudrup. El resto de equipos habían hecho más méritos, habían tenido más tiempo para prepararse y llevaban ya tiempo concentrados en Suecia. Sin embargo, unos daneses sorprendentes fueron superando ronda tras ronda hasta llegar a la final del torneo, que ganaron frente a una todopoderosa Alemania.

Podríamos seguir desgranando ejemplos, uno tras otro, y recibiendo, eso sí, varios contraejemplos para defender la fiabilidad de los expertos y conocedores de los deportes y ligas del mundo. Tal vez, como decía Antoni Daimiel en su blog, la opinión se ha pasado definitivamente de moda.

Son cosas que ocurren con los pronósticos; seguramente porque hay un presunción de fondo actuando sobre todos los análisis que hacemos, a saber: que dadas dos situaciones iniciales semejantes podemos concluir dos desarrollos similares. O, por expresarlo con mayor claridad, hay una única secuencia de causas posibles dada una situación inicial. Pero rara vez esto es cierto cuando lo aplicamos a los grupos humanos. Ni somos capaces de conocer exhaustivamente las condiciones iniciales, ni podemos predecir a partir de ellas la multiplicidad de desarrollos posibles. Es decir, cada causa que afecta a un grupo humano (y los deportes colectivos no hacen otra cosa que conformar grupos humanos) conlleva una serie limitada de posibles consecuencias. El pronóstico es un interesante ejercicio de análisis, que explora posibilismos y desafía las secuencias de hechos. Pero, afrontémoslo, el deporte no sería lo que es si pudiésemos aplicar lógicas semejantes a todos los casos con los que nos enfretamos. Perdería la magia de lo improbable; no crearíamos la tensión catártica de la victoria y no podríamos disfrutar de su desarrollo dramático. Espero que el pronóstico perdure... y que los acontecimientos sigan encargándose de aniquilarlo.