Un buen puñado de ellas venían de serie. Casi todas ellas tenían que ver con las peculiaridades políticas chinas. De éstas no me voy a ocupar. Una fue propia de una crónica de sucesos, pero el hecho de que implicase al suegro del seleccionador estadounidense de voleibol lo hizo saltar a la primera plana mundial. Estas sombras no me importan: las primeras quedaron admitidas cuando Pekín se convirtió en la sede de los juegos. La segunda es un accidente ocurrido en el peor momento. Pero hay zonas umbrías en estos juegos que tienen que ver con lo puramente organizativo que es de ley señalar:
1) El campo de regatas ha suscitado críticas y malestar general entre los equipos olímpicos de vela.
2) En la modalidad de tiro con carabina, varios participantes (entre ellos el español Luis Martínez Encabo) se vieron perjudicados por una puerta que al abrirse deslumbraba a los tiradores. La indignación creció entre ellos dado que habían expresado su queja horas antes de que comenzase la competición, y parecía que el asunto tenía una solución relativamente sencilla.
3) La realización de la señal para el evento está dejando ver algunas deficiencias y partidismos. Por ejemplo, en la final de tiro con carabina de ayer, la realización se centró en la actuación del chino, incluso cuando éste luchaba sólo por el bronce, ignorando al nórdico Hakinnen y al indio que terminó colgándose el oro. No está de más señalar también que las retrasmisiones de tenis no tienen grafismos con las estadísticas del partido, salvo al final de cada set, y estas últimas sólo desde hoy (ayer brillaron por su ausencia).
4) Es inadmisible que la televisión americana haya impuesto los horarios para la natación. Que en Nueva York puedan ver los oros de Phelps en prime time tal vez sea importante, pero no puede convertirse en el criterio para la distribución de horarios.
5) Otra de horarios: no tiene sentido sacar a un deporte de sus quicios habituales. Hacer jugar a las 9 de la mañana a las selecciones de balonmano es romper los bioritmos de los jugadores y la tradición del deporte. Una mejor organización evitaría, seguramente, este despropósito.
Sombras aparte, dos recomendaciones: la primera es la carrera 4x100 estilo libre masculina (en la que Phelps consiguió su segundo oro). Los últimos 50 metros del último relevista americano son inolvidables. Seguramente lo más emocionante que se ha visto hasta el momento en Pekín. La segunda recomendación es el partido de la selección española de baloncesto contra China. Cierto que no se jugó bien durante tres cuartos. Pero la exhibición defensiva final (liderada por Ricky Rubio) y el juego dominante de Gasol en el poste, junto a la remontada final, hacen que sea un visionado imprescindible. Los de Aito tienen que aprender mucho sobre este partido: los partidos se ganan llevando el ritmo de los mismos, y el ritmo se marca desde la defensa. Estoy deseando que llegue el partido del sábado contra EE.UU.
1) El campo de regatas ha suscitado críticas y malestar general entre los equipos olímpicos de vela.
2) En la modalidad de tiro con carabina, varios participantes (entre ellos el español Luis Martínez Encabo) se vieron perjudicados por una puerta que al abrirse deslumbraba a los tiradores. La indignación creció entre ellos dado que habían expresado su queja horas antes de que comenzase la competición, y parecía que el asunto tenía una solución relativamente sencilla.
3) La realización de la señal para el evento está dejando ver algunas deficiencias y partidismos. Por ejemplo, en la final de tiro con carabina de ayer, la realización se centró en la actuación del chino, incluso cuando éste luchaba sólo por el bronce, ignorando al nórdico Hakinnen y al indio que terminó colgándose el oro. No está de más señalar también que las retrasmisiones de tenis no tienen grafismos con las estadísticas del partido, salvo al final de cada set, y estas últimas sólo desde hoy (ayer brillaron por su ausencia).
4) Es inadmisible que la televisión americana haya impuesto los horarios para la natación. Que en Nueva York puedan ver los oros de Phelps en prime time tal vez sea importante, pero no puede convertirse en el criterio para la distribución de horarios.
5) Otra de horarios: no tiene sentido sacar a un deporte de sus quicios habituales. Hacer jugar a las 9 de la mañana a las selecciones de balonmano es romper los bioritmos de los jugadores y la tradición del deporte. Una mejor organización evitaría, seguramente, este despropósito.
Sombras aparte, dos recomendaciones: la primera es la carrera 4x100 estilo libre masculina (en la que Phelps consiguió su segundo oro). Los últimos 50 metros del último relevista americano son inolvidables. Seguramente lo más emocionante que se ha visto hasta el momento en Pekín. La segunda recomendación es el partido de la selección española de baloncesto contra China. Cierto que no se jugó bien durante tres cuartos. Pero la exhibición defensiva final (liderada por Ricky Rubio) y el juego dominante de Gasol en el poste, junto a la remontada final, hacen que sea un visionado imprescindible. Los de Aito tienen que aprender mucho sobre este partido: los partidos se ganan llevando el ritmo de los mismos, y el ritmo se marca desde la defensa. Estoy deseando que llegue el partido del sábado contra EE.UU.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada