martes, agosto 19, 2008

Pekín 2008: días 8, 9 y 10: Daneses, ladrones y piratas (y otros cuentos olímpicos)

La primera historia transcurre en el mar. Iker y Xabi, dobles campeones del mundo de vela en clase 49er y oro olímpico en Atenas 2004, volvían a representar a España en la medal race olímpica en Pekín. Cuando antes del inicio, con condiciones dantescas de viento y oleaje, los líderes de la regata (daneses, para más señas) rompieron su mástil, los nuestros se las prometían muy felices. Sabían que una victoria en la regata les colgaría el oro olímpico del cuello. Y la obtuvieron. Con lo que no podían contar es con que los daneses navegasen en una embarcación que no les pertenecía. Tomaron una nave que no era suya y se quedaron con el oro. Las normas de las regatas son claras, pero más claras son aún las leyes del mar. Navegar bajo una enseña falsa y tomar tesoros ajenos: esos son actos propios de ladrones y piratas.

El segundo gran cuento de estos últimos días trata sobre un rey y una reina. Los del nido; los dos atletas que han deslumbrado al mundo en las pruebas de atletismo. Ella rusa, él jamaicano. Ussain Bolt e Isinbaeva son, sin duda, los amos del tartán. El caribeño batió, en la mejor final de la historia (8 hombres corriendo 100 metros en menos de 10 segundos), el récord del mundo. Pero lo hizo abriendo los brazos, mirando a la grada y dejándose llevar. Con todo, corrió en 9'69. Para hacer eso hay que ser extraordinariamente rápido, extraordinariamente joven y extraordinariamente estúpido. El deporte de élite es un mundo caprichoso y variable. Aspirar a la excelencia es complicado porque las circunstancias te obligan a aprovechar tus oportunidades o a fracasar. Bolt pasará, sea como fuere, a la historia, pero no es inverosímil que una lesión, una circusntancia personal o un problema de preparación nos lleve a un escenario que le aleje de volver a batir ese récord que ha establecido. Es posible que el jamaicano pudiese haber corrido en 9'59, una marca que podría haber sido imposible de batir en años. Estaba en el lugar adecuado y tenía el oro asegurado. Sólo un tonto hubiese dejado pasar la ola; y él la dejó pasar. La reina es Isinbaeva. Una rusa que tras algunos años malos ha recuperado el salto. Con su pértiga la discípula del gran Budka, ha batido en 25 ocasiones el récord mundial. Eso sí, centímetro a centímetro. Por aquello del dinero. Con cada récord, la rusa recibe un dineral. En ese trance, a veces se desvirtua la competición. La pregunta es: ¿para qué jugar, si no jugamos del todo?